Para que lo busquemos
El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Hechos 17:24-27
En muchas ocasiones he oído a personas decir: “yo me convierto cuando Dios me llame”. Esta frase es en cierto modo verdad y mentira; si la persona se refiere a que uno no puede tener el deseo de acercarse a Dios a menos que el Espíritu Santo realice una obra de regeneración en la persona, pues está en lo correcto. Jesús dijo: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Juan 6:44.
Ahora si nos referimos a un llamamiento externo de parte de Dios a su creación, vemos claramente que Dios se ha revelado a su creación de tal forma que todos pueden tener conciencia de su existencia y en todo tiempo y en todo lugar Dios se ha dado a conocer, claro, no de una forma tan especial como se le reveló a los judíos, pero si de una manera lo suficientemente entendible como para ser responsable por rechazar su llamado. Vemos esto claramente en los primeros capítulos de la epístola de los Romanos:
18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 (Romanos 1:18-20)
Pablo expone claramente que Dios se ha manifestado al hombre por medio de su creación, las cosas hechas son testimonios de la existencia de un ser superior en poder que creó y ordenó todo lo que existe. Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1). A esto se le llama la revelación general. Dios ha tratado por medio de su creación con sus criaturas y les ha sembrado en sus mentes la idea de la adoración a un ser superior y la conciencia de reglas universales exclusivas del genero humano (como no matar, no robar, etc.). Lo triste de todo esto es la respuesta que el hombre da a este llamado del creador:
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén (Romanos 1:21-25)
En vez de honrar al Dios verdadero, los hombres se inclinaron a la adoración de lo que veían de la naturaleza, dando culto a las criaturas antes que al Creador. En las sociedades civilizadas de nuestros días no es común la adoración de las cosas de la naturaleza (el sol, los animales, etc.) como lo era en las culturas primitivas. Es más, cada día mas hay una secularización de la sociedad, sobre todo en los países más desarrollados, donde hasta las religiones como el cristianismo son consideradas como parte de un pensamiento primitivo.
Ahora hay un nuevo objeto de adoración: el hombre. Pero no me refiero a la adoración de un hombre a otro, sino la auto adoración de uno mismo. Usted lo puede ver hasta infiltrado en círculos cristianos, donde se le inculca a la persona que tiene una naturaleza divina y que por lo tanto todo lo que se proponga lo ha de cumplir.
Pablo y Bernabé reprendieron esta actitud de adoración al hombre y la dirigieron hacia Dios:
Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. (Hechos 14:15-17)
Note lo que Pablo y Bernabé dicen: 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. ¡Dios siempre se ha mostrado a su creación por medio de sus obras y de sus bendiciones! Nadie puede mostrar excusa delante de Dios, ya que sus obras son palpables y su paciencia es grande para con los hombres.
Pero no es solo que Dios se ha revelado por medio de su creación sino también que EL ha destinado desde antes del amanecer de nuestra existencia el tiempo adecuado y el lugar propicio en el que hemos de habitar. El filosofo y matemático Gottfried Leibniz estableció que el universo que Dios creó es el mejor de todos los universos posibles. En cualquier universo paralelo que podamos existir y en cualquier época de la historia en que nos ubiquemos nunca estaremos tan cerca de la revelación de Dios como en este. El apóstol pablo declara esto en nuestro texto inicial:
Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; (Hechos 17:26)
Pero mas increíble aun, es que, además de demostrarnos su existencia y de ubicarnos en el lugar y en el tiempo mas propicio donde podamos conocerle, también ha pasado por alto nuestra ignorancia, no nos castiga inmediatamente por nuestros pecados, sino que aguarda hasta el día del juicio. El texto anterior de Hecho 14 demuestra esto:
En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos;
Pero, ¿para que Dios se nos revela por medio de sus obras? ¿Para que determina nuestro habitad y nuestra época? ¿Para que no nos castiga de inmediato?
¡Para que lo busquemos!
Su paciencia en no castigarnos de inmediato nos da suficiente tiempo (toda una vida) para arrepentirnos:
4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Romano 2:4)
Para terminar me gustaría reproducir lo que el apóstol dijo al final de su exposición ante los atenienses en el mismo contexto del texto con el que empezamos:
Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; 31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. (Hechos 17:30-31)
No hay comentarios:
Publicar un comentario