
No es fácil que alguien se deje matar en lugar de otra persona. Ni siquiera en lugar de una persona justa; aunque quizás alguien estaría dispuesto a morir por la persona que le haya hecho un gran bien. Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.(Romanos 5:7-8 DHH)
No creo que para nadie sea un secreto que el día de San Valentín sea en realidad un invento comercial. Sin embargo, a pesar de todo eso, este día se ha convertido en un día en el que muchas personas en el hemisferio occidental deciden expresar su amor a aquella pareja con la que han estado, a aquella persona que quiere que sea su pareja o a aquel amigos que tanto quieren (aunque esto último no es tan frecuente). Pero mi pregunta es la siguiente: ¿Cuál es el concepto que las personas tienen del amor? ¿Es el concepto correcto cuyas esencia es Dios o es la fantasía inventada por Hollywood o Disney?
Si tú crees amar a aquella persona a la que le piensas regalar, por favor considera esta lectura para ver si en verdad tienes el concepto correcto del amor.
Observa como dice la primera parte de nuestro texto. Es difícil dar su vida por alguien. Ciertamente las personas son egoístas, prefieren salvar su vida que darla por otra persona, preferimos nuestro bien antes que el de los demás. Es cierto que podríamos estar dispuestos a dar nuestra vida por alguien que en verdad sea justo o por alguien con quien hemos compartido mucho, por nuestros padres, por nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestra pareja o alguien con quien tengamos un afecto intimo. También podríamos dar nuestra vida por un niño o alguien que no conozcamos, pero que a primera vista nos parezca inocente o no merecedor de la muerte.
Pero, ¿Quién daría su vida por alguien que 5 minutos antes violase a su esposa? ¿Quién daría su vida por alguien que continuamente lo insulte, golpee y despoje de sus propiedades?. Ese amor es ajeno a la naturaleza humana. Es que somos individualista, amamos a aquellos que nos aman, estamos dispuestos a morir por aquellos a quienes queremos, pero aquellos a quienes queremos son aquellos quienes nos quieren. Para nosotros el amor es un intercambio, tú me amas y yo te amo. Tú no me amas, yo tampoco te amo. Mostramos “amor” a los que conocemos, pero no nos acercamos a los desconocidos. La próxima vez que te sientes en un autobús o entres a un auditorio llenos de desconocidos pregúntate por que te sientas separado de los demás.
En griego hay una palabra para amor, eros, de ella proviene la palabra “erotismo” en nuestro idioma. Esta palabra denota a aquel amor que busca algo a cambio, a aquel amor que da algo para recibir algo, es aquel amor egoísta, es aquel que busca lo suyo al ofrecer algo. Esa es la característica general de la humanidad, este es el concepto que el mundo tiene de amor, de amar si nos aman, de odiar si nos odian.
Pero también hay otra palabra para referirse al amor, ágape. Este es totalmente diferente, este es totalmente INCONDICIONAL, este no ama con la condición de que sea amado, esta ama aunque sea odiado por aquel a quien ama, este es al amor de Dios, este es la esencia misma del verdadero amor, es algo ajeno a nuestra naturaleza, solamente miremos la segunda parte de nuestro texto en cuestión, mientras nosotros estamos dispuestos a morir por aquellos que hacen el bien, Dios estuvo dispuesto a dar a su Hijo por nosotros, que no hemos hecho nada más que pecar contra El.
Este tipo de amor es algo inentendible. Solamente miremos el caso de Nínive, ellos hacían pirámides de cabezas humanas, ofrecían sacrificios a sus dioses con los hijos de sus enemigos, convertían el agua de los ríos en sangre y las arenas del desierto las volvían rojas con la sangre de sus enemigos y les cortaban las manos a los reyes conquistados, dejando que sus cuerpos sean devorados por animales salvajes; y aun así Dios decide perdonarlos si se arrepienten.
Miremos el caso de Pablo. Dice la Biblia: Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel. (Hechos 8:3) este hombre era un gran perseguidor de los cristianos, con gran celo mataba a muchos y aun así Dios se le decide revelar para convertirlo en el apóstol de los gentiles.
Miremos a aquel Jesús que en víspera de su muerte, dice la Biblia con respecto a sus discípulos, “los amo hasta el final” (Juan 13:1), pero ¿a quienes amo hasta el fin? Precisamente a aquellos que lo abandonaron y desampararon en su peor momento. Pero lo impresionante es cuando resucita, El no los reprocha por lo que hicieron, de hecho a Pedro, que lo negó tres veces, hasta diciendo maldiciones, El lo perdona. Solamente hay que mirar el mandato del ángel a las mujeres que fueron a ver el sepulcro: “Pero id, decid a sus discípulos y A PEDRO: "El va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, tal como os dijo." (Marcos 16:7).
El amor de Dios también es incondicional porque es eterno, con amor eterno te he amado, dice en Jeremías 31:3. No hubo un momento en la eternidad pasado en la que El nos llegó a amar. El siempre no amó. Eso lo hace incondicional porque El no necesitó que nosotros existiéramos para ver si somos buenos y luego amarnos, El nos amó antes de nacer. El amó a Jacob antes de nacer para que la elección no esté basada en sus obras que pudiera hacer en su vida (Romanos 9: 11)
Ciertamente no entiendo como una raza caída como la nosotros seamos el objeto de su amor general. Como puede ser que a diario pecamos, no burlamos de Él, lo ignoramos, despreciamos su santa ley y hacemos lo que se nos venga en gana, y aun así El nos brinda el aire, pone alimentos en nuestra mesa, hace que el sol salga todos los días, hace que las plantas den su fruto a su tiempo. Es increíble ver que El nos ha puesto individualmente a cada uno en el periodo de la historia y en el lugar del mundo más propicio en el que podamos estar expuestos a su conocimiento para nuestro arrepentimiento (Hechos 17:26-27) y es enormemente misericordioso al no acabar con nosotros al instante de nuestro pecado, sino que es tolerante al darnos toda una vida para arrepentirnos (Romanos 2:4).
Pero, sin subestimar estos ejemplos, la mayor muestra de amor fue mostrada en la cruz. La cruz es el objeto de muchas canciones y poesías sobre el amor de Dios pero no muchas personas tienen conciencia de lo que pasó allí. Muchos ven a un Jesús debilitado por los golpes de los romanos y heridos por los clavos en sus manos, pero eso es solo parte de la historia. Veamos la versión completa.
A los seres humanos se les olvida que Dios es santo y de ninguna manera toma por justo al impío. Rehúsan creer que su pecado no es tan grave como parece, pero esto no es así. Dios es Santo y sus demandas son elevadas, es más, infinitas; el mínimo pecado cometido contra su infinita Santidad es merecedor del castigo eterno. El castigo es eterno porque el pecado es una infracción contra la infinita santidad de Dios. El castigo es proporcional a aquello que ha sido quebrantado.
El castigo de Dios por nuestros pecados no fueron los azotes de los romanos, la copa de la que Jesús pidió que fuese librado no fueron los clavos de la cruz, fue la santa ira de Dios derramada sobre su Hijo, fue cada uno de los pecados de su pueblo, pecados que merecen una condena eterna, el castigo de los pecados de millones concentrados en uno, el castigo eterno concentrado en algunas horas. Imagínate el tormento del infierno de una persona durante toda la eternidad comprimido en unas cuantas horas en Jesús. Ahora multiplícalo por el número de salvados. Ese fue el sufrimiento del Señor.
Pero, ¿Por qué? Por gente que odia a Dios, por gente que a diario lo insulta, gente que denigra la imagen de Dios que ha sido implantado en ellos, por una raza de seres que siguen sus propios caminos, en las pasiones de su carne, en los deseos de su corazón, merecedores de la ira de Dios. Y aun así Dios decide descender al reino de los hombres y entregar lo más preciado que tiene: su Hijo, su UNICO HIJO. Aquel hijo que pedía a su Padre que perdonara a quienes lo mataban.
Es increíble como Dios puede hacer eso, es increíble como El nos glorifica y nos pone en la condición de hijos, al igual que Jesús, y coherederos juntamente con El.
Ese es el amor de Dios. No lo entiendo. Es totalmente incondicional. El no mira lo que hacemos para amarnos, pues sabe que en nosotros no hay más que una masa de pecado.
Pero, ¿y qué de nosotros?
Juan 4:11 nos dice nuestro deber: Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
Estamos llamados a amar como Dios ama; de hecho, cualquier otra cosa que no sea esto es un falso amor. No vale la pena amar de otra forma porque no hay otra forma. No hay amor condicional. El amor no busca lo suyo, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo soporta. Amor no es tomar una jeringa y sacarse sangre, introducirla en la válvula de tinta de un chinógrafo y escribir una carta con él a la persona que uno “ama” (mis colegas de arquitectura me entenderán mejor). No es besar a alguien, no es estar con aquella persona porque también nos ama, no es honrar a nuestros padres porque costearon mi crianza.
Amor es el que muestra el samaritano cuando ve a alguien que lo desprecia y lo odia tirado en el suelo y herido, y lava sus heridas y lo lleva a un lugar y costea su estancia. ¿Es tas dispuesto a amar así? ¿Estás dispuesto a amar a quien te ofende, a quien te odia, a quien te insulta a diario? ¿Estarías dispuesto a perdonar a aquel que violase y asesinase a tu pequeña niña de seis años? ¿Estarías dispuesto, no solo a perdonarlo, sino también a darle una casa y comida si él te pide perdón por lo que hiso? Piénsalo, pues tu y yo hemos hecho peor con el Hijo de Dios.
Jesús lo dice claramente en el sermón del monte:
Habéis oído que se dijo: "OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE." Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda. Habéis oído que se dijo: "AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo." Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persigue para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mat 5:38-48)
¿Qué hacemos de más si amamos solo a quienes nos aman?
Por mucho tiempo tuve un conflicto con David. La Biblia lo llama como un hombre “conforme al corazón de Dios” pero mi interrogante es como un hombre que mató tanta gente, un hombre que adulteró con una mujer y mató al esposo de esta pueda ser llamado así. Pero luego entendí. David fue un hombre que amó a Dios. Lo amó aun cuando Dios permitió que su hijo, producto de ese adulterio, murió, a pesar de las suplicas a Dios. Lo amó aun cuando permitió que sus esposas fuesen violadas, cuando permitió que uno de sus hijos violase a su hermana y el otro matase a este. Amó a Dios a pesar de todas las cosas que Dios puso en su vida.
Antes de ser rey fue perseguido por Saúl y este quería matarlo. En algunas ocasiones tuvo la oportunidad de matar a aquel que le perseguía, pero en cambio decía: "Dios me libre de levantar la mano contra el rey, porque es el ungido del Señor". Cuando Saúl fue muerto dice la Biblia que David lloró con los suyos hasta el atardecer por Saúl y mató a aquel que terminó de matarlo, por aquel mismo hombre que intentaba matarlo.
Su propio hijo, el que mató a su hermano por haber violado a su hermana, planeó un golpe de estado contra su padre, pero fue muerto en batalla por los oficiales de David, a pesar de que este les dijo que no extendieran su mano contra su hijo Absalón; y David dice: ¡Hijo mío Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que yo muriese en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!
Este es el amor de un hombre que amó conforme a como Dios demanda.
Este es el amor, todo lo demás es intercambio interesado.
Que el amor de Dios inunde nuestros corazones y amemos como El ama, como El demanda. Que El penetre en nuestros corazones, pues sin El es imposible amar de esta forma.
Josías Estepan Gil.
soli Deo gloria
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